• Diego Balbuena

Tree Top Manu IV: Shipetiari – La zona de aventura

Updated: Apr 22

Nos dirigíamos a Shipetiari, una comunidad con historia reciente de enfrentamientos con los nomoles. En el camino no vimos muchos animales, ni el esperado jaguar andando por las playas; no obstante, nos encontramos con algo que no pensábamos ver: un grupo de “calatos”, niños y jóvenes, a la rivera del Río Alto Madre de Dios; parecía que nos saludaban. Los mayores tenían polos viejos, sucios y gastados pero completamente desnudos de la cintura para abajo, los más pequeños andaban completamente desnudos. Pensamos que simplemente eran niños de alguna comunidad cercana porque no todos estaban completamente desnudos, pero Santiago nos explicó que las comunidades cercanas que llegan a entrar en contacto con ellos les dan ropas, víveres, machetes, etc. Esta costumbre ha hecho de algunos nomoles mendigos de la Amazonía. Los niños no nos estaban saludando, estaban mendigando. Está prohibido darles objetos y contactarlos, ya que se acostumbran a usarlos y de ahí piden más, además de la alta probabilidad de transmitirles patógenos.


Llegamos al puerto de Shipetiari pasadas las 12 del mediodía, y nos quedamos en el Albergue Pankotsi, de la comunidad Machiguenga. Ahí, nos advirtieron sobre los posibles peligros; “el año pasado vinieron los nomoles y picaron a mi hijo” nos dijo Gregorio, el encargado del albergue. La trocha más lejana que lleva al aguajal estaba cerrada, ya que por ella llegaron los nomoles hace un año. Luego de almorzar nuestro respectivo huevo, mandarina y paquete de Choco Soda® planeamos qué haríamos al día siguiente. Me ofrecí para ir al herp-box de esa noche porque todos estaban cansados y los pajareros se debían levantar temprano. Nos dividimos en dos grupos con la meta de hacer 3 transectos cada uno y así no tener que preocuparnos tanto al final si es que llovía.


Salimos con Jenny, Tasayco y Julio y nos dividimos en dos grupos, Tasayco se quedó en el primer punto con Julio y yo seguí con Jenny hasta el siguiente. Ellos no tuvieron mucha suerte, pero nosotros encontramos diferentes ranas y dos serpientes; una de ellas fue una boa abórea (Corallus hortulanus) muy pequeña pero agresiva.


La mañana siguiente fuimos a trepar por primera vez en Shipetiari, mientras liberábamos a las ranas y serpientes. Me alisté para trepar el primer árbol mientras Ruth y Gareth preparaban el ancla y pasaban las sogas por el árbol. Mientras subía los primeros 20 metros iba pensando en dos cosas que me habían contado: cuando Andy trepó un árbol y cayó una loro mashaco (Bothrops bilineata) del dosel, y cuando, una vez el director del Proyecto Guacamayo estuvo en un árbol y fue mordido por una. Por cosas del destino, volteo hacia una enredadera y ahí estaba…

Loro mashaco (Bothrops bilineata)


La cuarta loro mashaco que veo y me estaba columpiando por el viento. Pude tomarle algunas fotos desde una distancia segura gracias al zoom de la cámara de Rodrigo; lamentablemente la mejor foto, una que le tomé desde arriba, se perdió por algún error de su tarjeta SD. Una vez arriba del árbol sentí algo similar a un deja vu, ya que ciertas cosas del que ocurrieron durante una acampada se estaban repitiendo. Primero la Bothrops y, después, se acercaba lo que parecía ser el inicio de una tormenta mientras estaba en el árbol. Vientos suaves pasaban moviendo algunas palmeras cercanas, pero luego aumentaba su fuerza y movían árboles más gruesos; yo no sentía cómo se movía el árbol en el que yo estaba porque todo a mi alrededor se movía, pero bajando me dijeron que el árbol y la rama en la que estaba se estaban empezando a mecer. El susto de la víbora estaba bajando, pero me volví a poner alerta cuando escuché un árbol caer en algún lado del bosque. Por suerte no entré en pánico y coloqué la cámara correctamente, pero creo que es el árbol más peligroso que he trepado.


La temperatura bajó un poco y pensamos que nos agarraría otro friaje. Empezaron las lluvias suaves y el cielo permanecía cubierto de nubes. Estaba esperando que solee para lavar mi ropa usada desde los últimos días de Diamante. El cielo no se despejó y la lluvia no paró, completamente, por cuatro días consecutivos. Los mosquitos y los uteros,  nombre que se les ha dado a unos zancudos blancos que son vectores de la peligrosa “uta” o leishmaniasis, fueron peores aquí que en los anteriores sitios. Ni los pantalones ni las medias las detenían, debíamos usar dos polos y pantalones gruesos para reducir un poco la molestia de estos parásitos. Por las lluvias se cancelaron muchos herp-boxes y transectos de aves, así que a veces salían dos o tres grupos para ponernos al día.


A veces Terry, un comunero que apoya en el albergue, nos acompañaba a trepar y nos ayudaba con las instalaciones del equipo, la colecta de frutos, la limpieza de trochas; además, siempre compartía sus conocimientos con nosotros. Andy nos habló una tarde sobre la comunidad; aquí, a diferencia de Diamante, no se escuchaban motosierras; parece que quieren cambiar. El ataque de los nomoles les afectó económicamente de manera muy fuerte, y el cambio de la tala y la caza al ecoturismo y la conservación se hizo más difícil. Cuando llegamos nos encontramos con un grupo de comunicadores que trabajan para una ONG que está haciendo videos sobre la comunidad para compartirla y “propagandearla”. Flo, David y Ludo vienen cada dos meses para grabar, socializar y aprender; espero poder ver el resultado de su trabajo aunque no tengo contacto alguno. Un día también nos acompañó Gerardo, de 17 años, quien acababa de terminar la secundaria en Shintuya y deseaba ir a Cusco a estudiar algo relacionado a lo que nosotros estábamos haciendo. Hicimos que suba un árbol de paso que Ruth me enseñaba cómo bajar a alguien en caso haya una emergencia.

Ruth y Terry, Machiguenga de la comunidad de Shipetiari


El 20 de mayo fue el aniversario del Parque Nacional del Manu, por lo que vinieron de las comunidades de Santa Cruz y Nuevo Edén para armar un campeonato de fútbol. Nuestro equipo se llamaba “los tramposos” “investigadores”, y está de más decir que nos destruyeron. También hubo torneo de fútbol femenino y vóley. Lo que más me sorprendió fue la aparente ausencia de masato, el cual no había faltado hasta ahora porque Segundo y Panchito, en Diamante, nos traían una botella de vez en cuando, y Samuel, Danny y Terry, en Shipetiari, también nos invitaban unos vasos.


La gasolina para el generador se nos acababa y a veces no podíamos cargar nuestras cámaras, laptops o celulares porque aún nos quedaban algunos días. Al escribir estos posts reviso las fotos que he tomado para recordar lo que ha pasado durante el día, y la ausencia de fotos hace que me olvide de algunos detalles o del orden en el cual suceden algunas cosas. Sumada a la falta de luz, también nos afecta la falta de agua por problemas con los tanques. Recurrimos a poner bateas y baldes en las esquinas del techo donde chorrea más agua de lluvia para lavar los platos y tal vez para bañarnos de ser necesario. Yo terminé lavando ropa en el tanque del inodoro. El agua que tomamos la obtenemos de los caños y luego la purificamos; también recolectamos agua del techo para purificar.


Al final logramos terminar todos los muestreos gracias a que la última mañana no llovió y los tres grupos que salieron a terminar los transectos de aves lograron su cometido. 20 cámaras arbóreas y 10 terrestres fueron colocadas en Shipetiari; ahora solo quedaba un sitio. Al no escuchar noticia alguna de Palatoa, Andy decidió que volveríamos al Manu Learning Centre (MLC) para monitorear y poner cámaras en los campos de agroforestería ubicados al otro lado del Río Alto Madre de Dios. Desde los primeros días escuché hablar de unos puentes cerca al Río Yanayacu que pasaban sobre unas quebradas que desembocaban en él. Eran 3 puentes y, según me dijeron, uno era peor que el otro. El que más hablaba sobre ellos era Julio, el experto en cruzar por troncos.

– ¡Ayúdame a salir pues!– Espera, te voy a tomar una foto.– Ya, pero después me ayudas.

Al fin llegué a ir uno de los últimos días, acompañando a Ruth y Gareth. Ese día teníamos que trepar 3 árboles, pero no dejó de llover hasta la 1 pm. Llegamos al primer árbol alrededor de las 2 pm y luego cruzamos el primer puente. Después de varios días de lluvia ya no se veía el puente, que era en realidad una raíz sumergida que cruzaba la quebrada. El segundo puente estaba pasando el segundo árbol que Ruth trepó; eran 3 palos que temblaban con cada paso. Uno se hundía más que los otros dos, lo que no ayudaba para nada. El tercero, y por suerte último, no parecía un tronco; eran varias raíces delgadas saliendo de algún lado (mi linterna no ayudaba). Si suena difícil, tengan en cuenta que cada uno llevaba una mochila más otra con el equipo de trepado (20Kg+).

Willy nos esperaba en el puerto y nos ayudó a cargar las cosas, ya que el camino era algo largo. Shipetiari nos despidió con un mensaje que creo no todos apreciaron como yo. Desde la primera vez que vi una huella en la Amazonía, en Tambopata, me intrigó saber qué animal las dejaba. En el MLC pude estudiar más sobre ellas y hasta hice una presentación explicando cómo identificar algunas huellas en el campo. Por suerte Tasayco y yo fuimos los primeros en cargar las cosas hacia el puerto y pude identificar huellas de más de 5 especies en una sola trocha. A unos 200 metros del albergue, camino al puerto, empezaron a aparecer; primero vi huellas de un armadillo pequeño (Dasypus sp.), luego de otorongo (jaguar, Panthera onca), luego de un gato pequeño, probablemente un ocelote o un huambrushu (Leopardus sp.), luego sachavaca (Tapirus terrestres) y venado (Mazama americana) cruzando la trocha del puerto por una trocha de animales. Por las lluvias que nos impidieron trabajar casi hasta el final, supe que todas esas huellas eran frescas; fue un recuerdo de lo que habita tan cerca de nosotros pero no se muestra.

Equipo Tree Top Manu 2016 – I y amigos de Shipetiari. Foto: Andrew Whitworth


Gracias Shipetiari!