• Diego Balbuena

Tree Top Manu III: Romero – El hermoso bosque primario

Updated: Apr 22

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Después de alrededor de 3 horas de viaje y una corta visita a Boca Manu para comprar más provisiones (galletas, galletas y más galletas), llegamos al Parque Nacional del Manu. En el Puesto de Control de Limonal, a la entrada del Parque, conocimos a Emilio, quien ha estado trabajando para el SERNANP por más de 20 años. Nos habló bastante del Parque, de su experiencia y de los Mashco-Piros, llamados localmente “calatos” o “nomoles”.


En el camino al albergue vimos tortugas (Podocnemis sp.), caimanes y ronsocos (Hydrochaeris hydrochaeris) al lado del Río Manu. Llegamos a un albergue de lujo luego de perder a un miembro más del equipo en Boca Manu por problemas personales; sin embargo, con la llegada de Rodrigo y Gareth a Diamante, completamos los 10. Cargamos el equipo y los víveres al área común y nos asignaron nuestras habitaciones con baño privado (este albergue también le pertenece a CREES, uno de los principales encargados del proyecto). Llegué esperando ver a los pichicos emperadores (Saguinus imperator) que se pasean por los árboles cercanos casi a diario. Salimos un rato en la tarde y vimos a dos maquisapas (Ateles chamek) desplazándose por el dosel; en ese momento me di cuenta lo diferente que era este bosque primario a diferencia de los otros que habíamos visitado, donde los pobladores locales se dedicaron o se siguen dedicando a la caza y no se encuentran primates grandes con facilidad. En la noche, Andy salió con Jenny y Ruth a la Cocha Romero en busca de la Pipa pipa, una rana de aspecto muy peculiar. Se camufla en la hojarasca de los cuerpos de agua aparentando ser una hoja muerta. Al día siguiente nos dimos con la sorpresa que habían visto dos de ellas, además de una rana mono (Phyllomedusa camba) con ojos completamente negros cuando los abría.

Al día siguiente fuimos a trepar en dos grupos para poder colocar las 10 cámaras que teníamos planeadas para Romero en tan solo 2 días. En el otro grupo estaba Jenny, y me contaron que cuando estaba en el árbol un grupo de pichicos emperadores comenzaron a desplazarse cerca de ella, y además una rapaz los estaba intentando cazar. Me recordó a aquella vez en Tambopata cuando un grupo de maquisapas pasó por el mismo árbol en el que estaba, ¡a tan solo unos metros de mí! Ese día logramos colocar solo 3 cámaras, dejando 7 para el día siguiente.


En la noche, como me quedé medio picón por la Pipa pipa, decidí unirme al grupo de herpeto para hacer unos cuantos herp-box a ver si encontrábamos algo chévere. Antes de Salir, Willy nos avisó que había visto una serpiente coral (Micrurus sp.) cerca al puerto. Como era de esperarse, Andy dejó lo que sea que haya estado haciendo, saltó sobre los muebles, las mesas y nosotros y fue corriendo a atraparla. Parecía la falsa coral Erythrolamprus aesculapii; pero, por sus características de coral y la experiencia de Andy con serpientes, la identificó como una Micrurus obscurus, una verdadera coral muy venenosa. Algunas características de las corales son: ojos oscuros pequeños, anillos continuos alrededor del cuerpo, cola retorcida cuando son manipuladas y no presentan diferencia marcada entre el cuerpo y la cabeza; es decir, parece que no tienen cuello. Salí nuevamente con Tasayco mientras que Julio y Rodrigo hacían los otros transectos y llegamos a encontrar 3 Pipa pipa en la cocha, una Phyllomedusa palliata, muchas Hypsiboas maculateralis y unas cuantas ranas más que no me sorprendieron mucho. La P. palliata tenía el dorso color marrón cuando la capturé y al llegar al albergue éste había cambiado a verde. Varias ranas cambian de coloración debido al estrés o a otros factores.

Phyllomedusa palliata


Nuestro último día en Romero pasó como un día más, al menos para mí. Andy, Lawrence y Gareth vieron un águila harpía (Harpia harpyja) juvenil mientras buscaban el árbol que el grupo iba a trepar. Por su color blanco parecía un águila crestada (Morphnus guianensis); sin embargo, luego de alzar vuelo emitió un silbido característico de las harpías juveniles por el cual Andy pudo identificarla. Ruth, Jenny y yo fuimos a los árboles 5 y 7 para que trepen porque son árboles delgados que tal vez no soporten el peso de alguien más grande. Pasamos por la cocha para liberar a la Pipa pipa y una Erythrolamprus reginae y me di cuenta lo grande que es la cocha. Se veía el otro lado, pero no pude ver dónde empezaba y dónde temrinaba. Mientras Jenny trepaba vimos dos gavilanes del pantano (Busarellus nigricollis) percharse entre el dosel, para volver a alzar vuelo sobre la cocha. Su extraño canto, por el cual le llaman “mama vieja”, más parecía de un pato que de una rapaz. Además, oíamos los peculiares cantos de los camungos (Anhima cornuta), vimos un grupo de cormoranes (Phalacrocorax brasilianus) y un par de martines pescadores (Megaceryle torquata) al borde de la cocha.

Erythrolamprus reginae


Llegamos al albergue y nos dijeron que hace 5 minutos había pasado un grupo de pichicos emperadores y estuvieron un rato tomándoles fotos. Perdí una oportunidad más de verlos y esperé que vuelvan la mañana siguiente antes que partamos. Empacamos los equipos para no perder tiempo en la mañana y el grupo de herpeto salió a buscar ranas y lagartos, les esperaba un largo camino ya que se dirigían a los puntos 16, 17, 18, 19 y 20. Lamentablemente, debían cruzar un río crecido y solo había un tronco para usar como puente así que no pudieron llegar. En el camino, sin embargo, encontraron una boa arcoíris (Epicrates cenchria) y varias ranas. Luego de procesarlas (pesarlas y medirlas) Julio salió solo al monte para liberarlas, pero unos grandes ojos brillantes lo alertaron de la posible presencia de un jaguar. Sintiéndose una presa fácil en la oscuridad de la selva, volvió directo al albergue para avisar al resto. Un grupo salió a buscarlo, pero lamentablemente no lo pudieron encontrar.


La mañana siguiente desayunamos lo que sobró de la cena porque, como de costumbre, se iba a fermentar para el almuerzo. Organizamos las tareas y nos despedimos de Ángel y Mario, los encargados del albergue Romero. Partimos hacia Shipetiari, que está como a 5 horas río arriba. Me entristeció no poder ver a los emperadores ni a la harpía, pero así es la selva; no como en los documentales en los que se ven animales geniales cada 5 minutos.

Lea la siguiente entrada: Tree Top Manu IV: Shipetiari